Chocolata toma su baño diario en la laguna. Un día se entera de que en la ciudad hay una casa de baños, y decide salir de la selva con la intención de probarlos. Para no parecer tan salvaje, se compra un chándal y unas zapatillas deportivas con lucecitas, dispuesta a conocer la vida en la ciudad.
Al llegar a la capital, Chocolata hace una rápida incursión en los hábitos urbanos más tópicos, actuales y reconocibles desde la mirada infantil, y experimenta otro estilo de vida.
En este relato, Marisa Núñez habla sobre las ilusiones, los deseos, la amistad y la importancia de la experiencia y de valorar lo que tenemos a nuestro alrededor.